Todos tenemos un cerebro al mismo tiempo, emocional y racional. Un cerebro preparado para sobrevivir. Las sensaciones que ofrecen el intercambio de información entre el sujeto y su entorno, surgen una emoción previa a la respuesta (pensamiento, comportamiento,
etc.)

Decidimos con las emociones, nos relacionamos con las emociones desde muy pequeños. En ocasiones es la única puerta de comunicación entre los adultos y sus bebés. Es curioso que con el paso del tiempo se adormecen las emociones. Parece que no puedes tener miedo o alegría en la vida adulta.

Podríamos definir una emoción como: Una reacción subjetiva que nace en el ámbito del afecto y el cuerpo, ocasionada por nuestra relación con el entorno y la acompañación de los cambios orgánicos, incluidos en nuestra experiencia.

Durante mucho tiempo se han catalogado las emociones en positivas o negativas. Parece que algunas emociones no se pueden sentir. Esta represión ha ocasionado multitud de trastornos. En los espacios de documentos se impone tres objetivos:

  1. Lo primero que habría que enseñar es dar un nombre a la emoción. Para esto proponemos estrategias más adelante. Hemos recogido material desde el segundo ciclo de ed. Infantil hasta cuarto de ed. Secundaria. Navegando por Internet encontramos el Atlas de las Emociones, una herramienta ideal para dar un nombre a lo que estamos sintiendo exactamente. Muestra las emociones básicas con un abanico de posibilidades según la intensidad de esta. Creemos que tengamos que hacer un esfuerzo en revisar las palabras en castellano para ajustar más en nuestra cultura, la traducción del inglés se podría matizar. Pero es ideal empezar por un sitio así creado por Paul Ekman y el Dalai Lama.Os proponemos nuestra taxonomía emocional para el ámbito de la educación formal y no formal.

  2. Lo segundo es aprender y reconocer la intensidad de la intensidad y la frecuencia de las emociones. Está claro que no está en el mismo tema que el uso de la fuerza física, pero todas estas expresiones tienen una emoción en común: la ira. Éstas son las emociones secundarias que proponen en el Atlas de las emociones:

 

    1. Emociones de la IRA: Furia, venganza, amargura, tendencia a discutir, exasperación, frustración y fastidio.
    2. Emociones del MIEDO: Terror, horror, pánico, desesperación, temor, ansiedad, nerviosismo e inquietud.
    3. Emociones del DIGUSTO: Odio, asco, aborrecer, repugnancia, desagrado, aversión y descontento.
    4. Emociones de la TRISTEZA: angustia, pesar, desaliento, congoja, tribulación, desesperanza, impotencia, resignación, desánimo, consternación y decepción.
    5. Emociones del GOZO: Éxtasis, excitación, asombro, orgullo, tranquilidad, alivio, diversión, compasión, alegría, regocijo y placer sensorial.

  1. Lo que hay que procurar es que el entorno reconozca la emoción y no la reprimenda. Sería como recibir un mensaje de “no tengo la culpa de haber sentido ira”. No recibes un juicio de qué sentido tiene la ira. No tengo un dedo acusador, esto me permite parar las hipótesis y concentrarme en gestionar la acción. Veremos cómo hacer esto más adelante.Cuando estamos en un conflicto o nos toca mediar en el, lo primero es validar a las partes que están en el problema. Cada una de las partes llegó allí porque no sabe hacer otra cosa. Reconocer al otro es vital. En mi experiencia en la docencia se ha comprobado que la intensidad del conflicto y las muestras de ansiedad, en la que se da el valor y el sitio a las emociones que ves en el otro. En definitiva, dejes que se expresen las emociones.Por ejemplo, un niño que llega llorando. ¿Cuántas veces hemos escuchado que los niños no lloran? Resulta que el pequeño siente la pena, pero el entorno de la memoria y la expresión de la palabra, sin embargo, parece que está más aceptado que puede expresarse de forma agresiva. “Tengo una clase de 18 niños y solos 7 niñas, es normal que sea tan agresiva la clase”, esto se escuchó muchas veces a compañeros/as.Con las niñas, algo parecido, pero con la emoción de la ira. “Una señorita no debe perder las formas”, “Esos no son modales” … etc., aunque estas expresiones son de otra época, sigue existiendo una cierta memoria colectiva donde las mujeres se pueden tocar desde la tristeza, pero no desde la ira.Este analfabetismo emocional que muestra los comportamientos de una emoción, pero lo que sí es otra vez, nos vuelve locos. ¿Por qué no? ¿Por qué no? Resulta que, para las niñas, la voz que habla de poner límites a algo que está agrediendo, ¿sólo se puede expresar con la pena? Pues eso, nos estamos volviendo locos.
  2. En el cuarto lugar, tengo que dejar el sitio a la razón:  puedo elegir no enfrentarme violentamente. En nuestra sociedad occidental, entre la sobreprotección de algunos padres y madres y el abandono de otros, el control del impulso es algo muy complicado. Los niños y las niñas del siglo XXI se han convertido en grandes dictadores.