El capítulo 10 lo vamos a dedicar a la sexta competencia que necesita un educador en el siglo XXI: La escucha Activa. Aprenderás los distintos tipos de escucha y cómo mejorarla en ti mismo/a. Estás en el apartado de competencias del docente del siglo
XXI. Mucho ánimo.

6.1 CONQUISTANDO LA ESCUCHA ACTIVA

Es muy raro que las personas puedan hablar y escuchar.
Muy pocas escuchan sin hablar.
La mayoría puede hablar sin escuchar.”
Fritz Perls

Escuchar al otro no significa olvidarnos de nosotros mismos, por eso proponemos el concepto de ESCUCHA ACTIVA.

Según la R.A.E “dícese de escuchar a prestar atención a lo que se oye”. En este curso queremos que ampliéis el concepto. Se trata de poder percibir, con el oído y también con los demás sentidos, a lo que nos pasa dentro y también a lo de fuera. Hay una doble dirección de escucha:

La escucha de lo externo supone afinar la atención, abrir los ojos para captar mejor al otro. Aunque normalmente la escucha se ha dejado exclusivamente para los oídos no solo escuchamos lo que dice, sino CÓMO lo dice la persona. Se divide en dos: escucha de lo verbal y escucha de lo no verbal.

  • La escucha verbal es escuchar lo que dice la persona, retenerlo e incluso reproducirlo, captar el contenido en las palabras que emite.
  • La escucha no verbal unida al discurso, como el tono de voz, o el volumen. Poner más atención en cómo se dicen las cosas, más que sobre lo que se dice en sí.

Los dos aspectos tanto la parte verbal como la parte no verbal se han de tener en cuenta. Aunque en caso de conflicto, es más aconsejable hacer caso a la parte no verbal. Cosas como: los gestos, la postura, los silencios, la emoción. La escucha de lo
emocional.

La escucha interna “del que escucha” es la capacidad de mirarse hacia dentro y hacer resonar lo que escuchas fuera de ti. Se trata de tomar consciencia de nosotros mismos y de “ver” que se nos despierta con esa escucha. Es un
modo de acompañar al otro. Es una manera de usarnos a nosotros mismos, para comprender mejor al otro. Esta escucha interna no tiene que interferir en la atención hacia el otro. Ayuda la actitud corporal que tengamos frente al que nos cuenta lo
que siente: una postura física que favorezca el contacto, estar sentados formando un ángulo recto para poder mirarse, puede que cierta inclinación hacia delante (en algunos casos puede ser intrusiva), brazos y manos sueltos, reflejar comodidad
y un contacto visual frecuente.

Está comprobado que la escucha activa tiene un poder curativo. El siguiente cuento puede ayudarnos a afinar nuestra capacidad de escucha:

“Un discípulo, antes de ser reconocido como tal por su maestro,
fue enviado a la montaña para aprender a escuchar la naturaleza.
Al cabo de un tiempo, volvió para dar cuenta al maestro de lo que había percibido.
– He oído el piar de los pájaros, el aullido del perro, el ruido del relámpago…
– No -le dijo el maestro-, vuelve otra vez a la montaña. Aún no estás preparado.

Por segunda vez dio cuenta al maestro de lo que había percibido.
– He oído el ruido de las hojas al ser mecidas por el viento, el
cantar del agua en el río, el lamento de una cría sola en el nido.
– No -le dijo de nuevo el maestro-, aún no. Vuelve de nuevo a la naturaleza
y escúchala.Por fin, un día…
– He oído el bullir de la vida que irradiaba del sol, el quejido de las hojas al ser holladas,
el latido de la savia que ascendía por el tallo, el temblor de los pétalos al abrirse acariciados por la luz.

– Ahora sí. Ven, porque has escuchado lo que no se oye”.

La escucha activa es una actitud de disponibilidad, atención, y curiosidad e interés por la persona que viene a hablar con nosotros/as. En definitiva es una manera de estar presente por y para el otro, sin olvidarnos de nosotros mismos, para de esa forma, poder escuchar mejor a la persona.

6.2.- TÉCNICAS DE ESCUCHA ACTIVA

  1.  EVITA JUZGAR

Quizás lo más difícil sea lo más necesario: escuchar sin juzgar a la otra persona o sacar conclusiones. Recuerda que cuando alguien habla está usando el lenguaje para expresar los pensamientos y emociones que siente en su interior y que no tiene por qué ser totalmente preciso con las palabras. En el momento en que piensas o actúas como un juez pierdes tu utilidad como escuchador.

  1. NO DAR CONSEJOS

La mayoría de nosotros cuando hablamos no lo hacemos para que nos den consejos. Los consejos siempre están basados en un contexto que no tiene por qué ser el nuestro. La mayoría preferimos encontrar nuestras propias soluciones y tan sólo necesitamos a alguien que nos escuche y nos ayude a descubrirlas. Si de todas formas crees que tienes una idea genial, lo más aconsejable es pedir permiso a tu interlocutor: “¿Te gustaría escuchar mis opiniones al respecto?”

  1. NO INTERRUMPAS

Otro ejercicio bastante difícil. En la mayoría de conversaciones la gente se interrumpe constantemente. Cuando alguien interrumpe está mandando los siguientes mensajes:

    • Lo que tengo que decir es más importante que lo tuyo.
    • Esto no es una conversación, es una discusión y quiero ganarla.
    • No me apetece escuchar los detalles de tu opinión.
  1. HAZ REFERENCIAS A LO DETALLES QUE RECUERDES

En general somos malos recordando detalles de conversaciones anteriores. Sin embargo, si te acuerdas de alguno y eres capaz de mencionarlo durante la conversación, por pequeño que sea, lograrás un efecto muy interesante. Tu interlocutor sentirá que la última vez que hablaste le prestaste atención y que le diste importancia, por lo que probablemente se anime a sincerarse y abrirse todavía un poco más.

  1. REDIRIGE LA CONVERSACIÓN CON TERNURA, SI ES NECESARIO

A menudo es inevitable que las conversaciones se vayan a otro sitio. Si alguien te está contando la experiencia de cuando se fue de voluntario a Nepal y te dice que allí se encontró con un amigo vuestro en común, lo más normal es que le preguntes cómo estaba tu amigo. Sin quererlo, habréis pasado de hablar de su experiencia vital como voluntario a conversar sobre la vida de vuestro amigo, lo cual te puede llevar a dejar atrás lo que tu interlocutor quería contarte realmente. Cuando una pregunta conduzca hacia una dirección que no tenga que ver con lo que tu interlocutor quería contarte, es responsabilidad tuya como escuchador activo volver a redirigir la conversación hacia su origen: “Me alegro que te encontraras a Alex, pero explícame más sobre tus aventuras en Nepal”.

  1. HAZ ESPEJO DE LO QUE OYES

Una manera muy sencilla de evidenciar que estás escuchando y lograr así que la otra persona esté más motivada para seguir hablando es repetir de vez en cuando lo que ha dicho, independientemente de si estás de acuerdo o no. Así demostrarás que has escuchado lo que te estaba diciendo. También puedes atreverte a sacar conclusiones para que te confirme algún aspecto que desees aclarar: “Entonces llegaste una hora tarde a la cita. ¿Es que estabas muy nerviosa?” No te preocupes mucho si lo repites usando tus propias palabras o las mismas que tu interlocutor. Hay investigadores que dicen que con repetir literalmente 3 o 4 palabras de la última frase dicha ya es suficiente para demostrar que estás escuchando.

  1. REFLEJA SUS SENTIMIENTOS

En una conversación se puede compartir información, datos y opiniones. Pero también puedes compartir y reflejar sentimientos. Los sentimientos son más difíciles de adivinar pero son muy importantes porque crean un mayor vínculo con tu interlocutor al demostrar empatía e implicación. No te limites sólo a repetir literalmente lo que acabas de oír: debes intentar interpretarlo en términos de las emociones que la otra persona pueda estar sintiendo. La forma de hacerlo es sencilla. Se trata de añadir una emoción a lo que te acaban de contar: “¿Entonces te sientes triste/alegre/enfadado/etc cuando tal cosa ocurrió?” Sería como ponerle una etiqueta emocional a la otra persona para asumir que siente unas emociones concretas sobre lo que te está contando: “Por lo que me dices, debiste sentirte muy frustrado cuando no contaron contigo para
la fiesta”. Incluso cuando te equivoques de emoción te será muy útil para que tu interlocutor se abra emocionalmente, porque le estás dando la posibilidad de negarla. Si responde que eso no es lo que siente, lo más probable es que clarifique cuál es su sentimiento real.

  1. SE CURIOSO/A CON RESPETO Y CON PREGUNTAS ACERTADAS

Hacer preguntas de vez en cuando es otra forma de demostrar que estás atento y que tienes interés por lo que te están contando. Sin embargo conviene tener claro qué tipo de preguntas son útiles y cuáles pueden ser negativas.

    • Preguntas abiertas: Son útiles para conseguir que la otra persona siga hablando y ayudan a eliminar tensiones. También te proporcionarán más información sobre el punto de vista de tu interlocutor. Suelen empezar con Qué, Cuándo,
      Dónde, Cómo o Quién. Cuidado con las preguntas Por qué. Si pones en duda alguna decisión u opinión personal de tu interlocutor puedes provocar que se ponga a la defensiva.
    • Preguntas cerradas: Sirven para confirmar aspectos concretos que quieras clarificar. Empiezan por un verbo o por los pronombres Te/Me/Se, etc. Puedes incluso hacer como los políticos y conferenciantes y usar preguntas retóricas que
      no necesitan respuesta como “¿Quién no quisiera estar en buena forma durante la vejez?”. Así consigues es que tu interlocutor se sienta más involucrado porque nuestros cerebros están diseñados para reflexionar sobre lo que se nos pregunta.
  1.  CENTRA LAS CONSECUENCIAS QUE SE PRODUCEN DE LO QUE HABLÁIS

Ésta es la técnica más poderosa de todas para lograr que la gente llegue a la solución de sus problemas por sí misma. Y a la vez la más sencilla. Consiste en hacer preguntas que, aunque parezcan redundantes, os permitan a ti y a tu interlocutor profundizar en sus sentimientos: tan sólo debes preguntar qué cree él que pasaría si ocurriera lo que acaba de decir. También puedes ir más allá y preguntar qué ocurrió la última vez que atravesó por una situación similar: “¿Qué pasó la última vez que dejaste de tomar la medicina que te prescribió el doctor?”. De esta forma le estarás haciendo recorrer el mismo camino que la ha llevado a tomar esa decisión. Lo más probable es que se reafirme por sí mismo y se sienta reconfortado.

  1. AYÚDALE A CLARIFICAR LO QUE SIENTE Y LO QUE NECESITA

Cuando tu interlocutor haga una pausa puedes aprovechar para intentar clarificar sus pensamientos con preguntas abiertas sobre sus emociones (“¿Qué es exactamente lo que te preocupa de tu situación actual en el trabajo”?) en lugar de hacer preguntas cerradas. También puedes reflejar lo que crees que te acaba de decir para que te aclare, niegue o confirme lo que has entendido (“¿Preferirías este trabajo en el que no vas a poder viajar nunca?”). Así le motivarás para que elabore más su punto de vista y le ayudarás a explorar mejor sus creencias y opiniones. Recuerda que el verdadero significado de las conversaciones personales no suele estar en el texto de lo que se dice, sino en la emoción. Por lo tanto la clave es responder a las emociones de tu interlocutor (“¿Te duele que no te haya llamado por tu cumpleaños?”) y no al contenido textual (“Entonces, ¿cuánto tiempo hace que no te llama?”).

  1. UTILIZA REFUERZOS Y COPORALIDAD ABIERTA

Aunque suene a tópico, una forma muy sencilla de demostrar que estás prestando atención es utilizar palabras de refuerzo como claro, ahá, sí, comprendo, y todas las que utilices habitualmente. El lenguaje corporal también es importante. Demuestra tu atención encarando todo tu torso (y pies, no los olvides) hacia tu interlocutor, mantén una postura abierta (evita cruzar brazos y piernas) e incluso anímalo a que siga conversando con gestos de expectación como levantando las cejas. También está demostrado que reflejar la postura corporal y expresiones faciales sirve para generar más empatía en situaciones emocionales, siempre y cuando se realice con discreción. De hecho, si realmente estás escuchando lo más probable es que lo estés haciendo de forma inconsciente.

  1. RESPETA LOS SILENCIOS

En varias investigaciones se ha visto que la principal diferencia entre los mejores negociadores de rehenes con el resto es que los más eficaces escuchan mucho más de lo que hablan, y además respetan los silencios. Lógicamente una de las claves de la escucha activa es escuchar, pero debes también sentirte cómodo con los silencios. Los silencios dan tiempo a las personas a pensar y encontrar las palabras más precisas, así que no les niegues ese derecho. Por otro lado el silencio es especialmente útil en situaciones tensas porque ayudar a calmar la tensión, y eso es imprescindible para que alguien deje de actuar de forma emocional y empiece a comportarse de forma más racional.

FUENTE: http://actioncoach-argentina.com/marcelamartire/los-beneficios-de-la-escucha-activa/

 6.3.- OIR NO ES LO MISMO QUE ESCUCHAR. ERRORES

Escuchar activamente a otras personas implica ponernos en disposición de entender lo que nos están tratando de transmitir, sus inquietudes y sus problemas. Es decir, escuchar es captar todo lo que la otra persona trata de transmitir en todos los planos posibles.

La escucha activa implica, por decirlo de alguna manera, mirar a la otra persona a los ojos para hacerle saber que cuenta con toda nuestra atención, haciéndole ver que lo que nos dice es importante para nosotros.

Escuchar es  mucho más que oír. Es oír con los sentidos enfocados a lo que la otra persona nos dice, para ser capaces de entender. Lo primero que vamos a hacer es reflexionar sobre LOS ERRORES que cometemos sin darnos cuenta. Toma nota e intenta identificarlos si caes en ellos.

ERROR 1.- PERDERNOS EN DIVAGACIONES MENTALES.

Las personas somos capaces de pensar mucho más rápido de lo que somos realmente capaces de escuchar y también más rápido de lo que somos capaces de hablar. Por ello, si no focalizas tu atención al discurso de quien tienes delante, corres el peligro de
distraerte.

Trata de recordar y te darás cuenta que, en la mayoría de las ocasiones, dejaste de prestar suficiente atención, e incluso desconectaste, debido a tus propios pensamientos.

ERROR 2.- NO EVITAR DISTRACCIONES AMBIENTALES.

Quizás este sea uno de los errores al que le damos menor importancia, o que de una u otra manera justificamos. Una llamada de teléfono, una notificación en nuestro dispositivo móvil, etc., son barreras en la comunicación que impiden realizar una escucha
activa.

Si además caes en el error de dar prioridad a la distracción sobre la actividad de escuchar lo que te tienen que decir, podría verse como una falta de respeto hacia tu interlocutor.

ERROR 3.- CENTRARSE EN LO MENOS IMPORTANTE.

A veces estamos escuchando a alguien, y terminamos dando mayor importancia y centrando nuestra atención en pequeños detalles de la conversación que nada tienen que ver con lo que realmente están tratando de transmitirnos.

Seguro que no sería la primera vez que te has perdido en lo trivial de una conversación,  y no has logrado entender por qué a tu interlocutor le importa lo que le importa.

ERROR 4.- DEJAR QUE LOS PREJUICIOS COJAN FORMA.

No sería la primera vez que alguien dice estar escuchando pero en realidad, antes de comenzar la conversación ya se había formado una idea de lo que estaba ocurriendo o de lo que iba a ocurrir.

Sin embargo, deberías preguntarte el impacto que tienen tus propios prejuicios en la conversación. Probablemente te darás cuenta es más importante de lo que imaginabas.

Si tus prejuicios determinan el nivel de escucha activa que estás dispuesto a alcanzar, estás transmitiendo que sólo tu forma de pensar es la correcta, y jamás podrás entender realmente a la otra parte.

Todos tenemos prejuicios sobre el mundo que nos rodea, lo que también incluye a las personas que están en él. Esto puede afectar mucho a la disposición que adoptes a la hora de escuchar la opinión y las ideas de otra persona, dependiendo de los prejuicios
que tengas sobre ella.

Aparta esos prejuicios que nublan tu visión de las cosas cuando te sientes a escuchar a alguien, si no corres el riesgo de caer en el error de escuchar lo que estas predispuesto a escuchar.

ERROR 5.- TRATAR DE ADELANTARNOS A LO QUE NOS ESTAN DICIENDO.

Puedes caer en el error de pensar que puedes ir por delante de lo que te están diciendo, ya que puedes pensar más rápido de lo que escuchas, o te crees capaz de hacer ambas cosas a la vez.

Eso no es escucha activa. Lo que estabas haciendo era escuchar con la mente dirigida al final de la conversación, y aunque no te dieras cuenta, es probable que sólo estuvieras prestando atención a lo que te interesaba para reforzar la respuesta que estabas
elaborando.

ERROR 6.- DIRIGIR LA CONVERSACIÓN A NUESTRO TERRENO.

Encorsetar la entrevista con un esquema ya fijado de antemano, o guiar la conversación, de forma que consigas dirigir a la otra persona hacia tu punto de vista, puede ser efectivo en determinadas ocasiones, pero no es escuchar.

Haciendo esto no estarías creando el espacio adecuado para que la otra parte se expresase libremente, en ese espacio sólo se hablaría de lo que tú fueras buscando. Esta es una de las formas más clara de invalidar al otro/a.

ERROR 7.- PASAR DE LA ESCUCHA AL MONÓLOGO.

Si el objetivo es escuchar lo que otras personas tienen que decirte, ya sean sus opiniones o sus experiencias en un determinado campo, no puedes caer en el error de enamorarte del sonido de tu propia voz.

Si el objetivo del encuentro es escuchar lo que tienen que decir esa persona o personas, lo ideal es que dediques el menos el 70 u 80 % del tiempo a escuchar.

Se trata de tú practiques la escucha activa, para aprovechar todo lo que esas personas pueden ofrecerte, no de hacerte con una audiencia que se deleite con tu voz.

Si lo que estás tratando de hacer es practicar la escucha activa carece de toda lógica avasallar verbalmente a quienes forman parte de tu equipo, o a una persona con la que hayas concertado un encuentro, impidiéndole de esta manera expresar su postura.

Si en realidad no quieres escuchar lo que los demás tienen que decirte no preguntes, ejercerás tu liderazgo como un dictador pero al menos lo harás con coherencia.

ERROR 8.- TRATAR DE “GANAR” LA CONVERSACIÓN.

En ocasiones lo que comienza siendo una entrevista con tu equipo, para escuchar sus inquietudes, termina convirtiéndose en una lucha verbal, en la cual tu objetivo pasa a ser ganar la discusión, tratando de hacer prevalecer tus ideas sobre las suyas.

Haciendo esto sólo vas a conseguir perder la gran cantidad de información y experiencia que tu equipo puede ofrecer, y dará la sensación que no te importa lo que pretenden decirte.

ERROR 9.- INTERRUMPIR SI DEJAR QUE SE DESPLIEGUEN LAS IDEAS.

No puede ser que interrumpamos constantemente a quien se sienta frente a nosotros para exponernos su opinión sobre algo, o para lo que sea. Da igual el motivo por el que creas que interrumpir lo que dice la otra persona está justificado.

Una vez más, si haces esto estás transmitiendo a tus colaboradores que no te importa lo que te están diciendo, y que sólo te interesa escucharte a ti mismo.

FUENTE: http://direccionyliderazgo.com/la-escucha-activa-9-errores-comunes-y-que-aporta-a-tu-liderazgo