Es facil para los padres centrar su atención en lo que los niños hacen mal y

no darse cuenta de lo que hacen bien. Por ejemplo, Mike y Leah están ju-

gando tranquilamente en su cuarto y nadie comenta lo bien que están com-

partiendo los juguetes. Pero unos minutos más tarde, cuando están riñendo,

papá grita en seguida.

 

Los padres están tan ocupados educando y cuidando de sus hijos que es

fácil pensar que la buena conducta está garantizada. Cuando todo va mal,

les es fácil sacar a relucir otras diez fechorías. Caen en el error de criticar y

todos acaban sintiéndose mal.

 

La crítica constante combinada con pocos elogios da otros resultados. I

niño requiere la atención del padre y la conseguirá como sea. Si el modo de

enfocarlo es negativo, entonces el niño usará medios negativos para llegar

a sus padres. Si éstos se concentran en los hechos positivos, se conseguirá

una mejor conducta como respuesta, porque de este modo el niño obtendrá

más atención.

 

Si no se está acostumbrado a elogiar al niño, puede resultar dificil al

principio y en un día que ya es agitado, puede parecer otra cosa más que

recordar. Pero cuanto más se aplique, más natural y fácil será. En seguida

se comprobará que los elogios son una influencia tan poderosa que sólo con

unos pocos se puede lograr una nueva conducta y con un poco menos se

mantendrá el cambio.

 

A veces los padres temen que los niños se acostumbren a depender de

los elogios. Es posible que los elogios indiscriminados provoquen proble-

mas con un niño inseguro o que siempre haya sido el centro de atención.

Pero se sabe por experiencia que son más los niños que no reciben bastantes

elogios que los que reciben demasiados, y se sabe que los elogios pueden

hacer milagros. Si se usan estas directrices al aplicarlos, se comprobará muy

pronto que el elogio es una técnica de disciplina notoriamente eficaz.

 

Elogiar el comportamiento y no la personalidad

 

Cuando los padres nos consultan porque están teniendo poblemas en la

relación con su hijo, muchas veces están tan exasperados que no tienen

nada positivo que decir del niño. Describen su personalidad con términos

TECNICAS BASICAS DE LA DISCIPLINA

 

tales como rebelde, vago y egoísta. Este es un círculo vicioso que no condu-

ce a ningún sitio. Puede cambiarse su conducta y ahi debe estar el objetivo.

La personalidad es más resistente a los cambios. Si se centran los esfuerzos

en la conducta, es mucho más probable que se pueda llegar a la meta pro-

puesta.

 

No se debe decir, «;Eres una niña buena.» que conlleva el mensaje de

que el objetivo es ser bueno siempre, lo cual es una expectativa imposible

de cumplir. En lugar de esto se debe decir «Me gusta cómo has hablado a

la abuela». Por muchas veces que se diga «niño bueno» o «niña buena» el

niño no se formará un concepto positivo de sí mismo, a no ser que tenga

respuestas especificas a las propias conductas correctas, ya que la imagen

de si mismo está hecha de sus logros.

 

El modo más eficaz de formar una buena conducta es moldearla con

elogios. Moldear con elogios es una herramienta educativa que debe usarse

repetidamente para mostrar la aprobación de los comportamientos nueva-

mente establecidos del niño.

 

Usar elogios coneretos

 

El propósito de elogiar es aumentar conductas deseables, de modo que es

necesario hacer hincapié en qué conducta concreta se persigue. Cuanto más

concreto sea el elogio, mejor comprenderá el niño qué es lo que hace bien

y será más probable que lo repita. Una mañana, por ejemplo, uno se da

cuenta de que la niña se ha hecho la cama. En ese momento se está peinan-

  1. Si sólo se le dice, «Queda muy bien», no sabrá si los padres se refieren

a la cama o a su pelo. Es mejor decir: «Me gusta mucho cómo has hecho la

cama esta mañana. Gracias».

 

Cuando los padres tienen dificultades para manifestar algo positivo de

su hijo, se les pide que mantengan un registro de buenas conductas, donde

apuntarán todo lo que el niño hace correctamente. Algunos padres excla-

man: «Las páginas estarán en blancol», pero, normalmente, se asombran

de ver cuántas conductas positivas pueden anotar y cuánto les ayuda para

aprender a elogiar al niño.

 

Al utilizar esta técnica, se deben compartir las notas con el niño al final

del dia. Es una buena manera de hablar de los acontecimientos del día y

hará bien tanto a los padres como al niño.

 

Elogiar los adelantos

 

Se debe empezar a elogiar cada pequeño paso dado hacia la conducta desea-

da, procurando atrapar al niño en un buen comportamiento. Supongamos

que le ha dicho al niño que tiene que recoger sus juguetes cuando haya ter-

minado de jugar con ellos, aunque nunca lo haya hecho antes. Elogie cada

progreso, por pequeño que sea. Al principio se le elogiará por recoger un

juguete aunque los demás sigan en el suelo. Se podría decir: «Ëstá muy bien

que recojas tu camión y lo pongas en la caja de juguetes. Te voy a ayudar

PORTARSE BIEN

 

8D

 

a que recojas los demás». La próxima vez, se le puede elogiar por recoger

dos juguetes, etc.

 

O supongamos que el niño está acostumbrado a que se le atienda ense

guida y no deja terminar una conversación telefónica sin interrumpir. La

primera vez que espere treinta segundos, es bueno hacer una pausa en la

conversación y darle las gracias por no interrumpir. Hay que responder al

niño antes de seguir hablando. A la siguiente oportunidad, se debería espe-

rar un poco más antes de hacer la pausa para darle las gracias a fin de que

su espera sea «moldeada». Es mejor empezar con objetivos modestos a fin

de alcanzar la meta propuesta.

 

Cuando el nuevo comportamiento esté bien establecido, se necesitarán

menos elogios para mantenerlo. No es necesario continuar elogiando al ni-

ño constantemente. Es mejor elogiarle de vez en cuando, quizás cada quinta

o décima vez que actúe apropiadamente. Esto será suficiente para ir refor-

zando la nueva conducta y pronto se hará natural para ambos. No obstante,

no suprima nunca los elogios de forma radical.

 

Elogiar adecuadamente

 

Para suscitar la respuesta requerida, el elogio debe ser adecuado. Abrazos,

besos y otras señales físicas de afecto junto con las palabras correspondien-

tes son muy eficaces. Sin embargo, a algunos niños un poco más mayores

les gusta ser elogiados discretamente y en ese caso es mejor mantener una

cuenta silenciosa o usar signos secretos especiales. Un guiño o levantar el

pulgar le indicará, sin llamar la atención excesivamente, que se ha notado

su comportamiento. Más tarde, hay que manifestarle lo bien que lo ha

hecho.

 

Muchos niños mayores aceptan comentarios simpáticos, más que elo-

gios directos. Decir: «Me pregunto qué brigada de limpieza ha pasado por

aqui» puede ser mejor acogido por un preadolescente que decir: «Has hecho

la cama realmente bien y has limpiado maravillosamente».

 

Lo que queremos decir es que deben ustedes juzgar las reacciones de su

propio hijo a los elogios para ver si están actuando de la mejor manera posi-

ble con él.

 

Si el niño parece no dar importancia a los comentarios paternos pero

más adelante repite el buen comportamiento, está usted comprobando que

esta forma de elogiar es efīcaz.

 

Hay que recordar que todo el mundo se cansa de las cosas buenas si se

tienen demasiadas. Las mismas frases utilizadas una y otra vez perderán su

efecto. Hay que ser creativo. Pequeñas notas dejadas debajo de una almoha-

da o en una cartera pueden ser más especiales. También puede serlo que el

nino oiga que usted le elogia delante de un amigo.

 

Para realzarlo más, se pueden acompañar los elogios de un premio.

Digale a su hijo qué es lo que le ha gustado y prémielo con un pequeño

regalo, pero reserve las sorpresas para ocasiones especiales para que no

 

se acostumbre.

O9

 

TECNICAS BASICAS DE LA DISCIPLINA

 

Elogiar inmediatamente

 

Los elogios son más eficaces, especialmente en niños muy pequeños cuando

se producen pronto. No debe pasar demasiado tiempo entre el comporta-

miento positivo del niño y la respuesta paterna, aunque los niños más ma-

yores pueden apreciar el reconocimiento posterior.

 

El espacio entre la acción de un niño y la respuesta del padre se puede

llenar con un gesto si es necesario, y si se escribe en el diario de la buena

conducta se puede convertir en una señal privada entre ambos. Al anotar

lo que el niño está haciendo correctamente y enseñarle el diario, es conve

niente decirle algo, como por ejemplo, «Me alegro de ver que estás compar.

tiendo el papel con tu hermana». Más adelante, se puede hacer la cuenta

sin largos comentarios escritos, y a la larga la cuenta se puede convertir en

una señal de elogio silencioso en el aire, lo que le dará un sentido personal.

 

Combinar elogios con amor incondicional

 

Los niños se vuelven locos por conseguir elogios de sus padres cuando esos

son los únicos momentos en los que consiguen que se les preste atención.

Algunos padres se preocupan pensando que sus hijos se comportarán bien

sólo si reciben el reconocimiento. Cuando se trabaja para establecer un nue

vo comportamiento, es necesario elogiar constantemente al principio, y lue-

go reducir los elogios gradualmente. Cuando el niño lo ha aprendido, se

debe elogiar sólo de vez en cuando. De todos modos no es posible estar

presente cada vez que el niño hace algo correctamente. Cada vez que se

hagan comentarios concretos y positivos sobre su conducta, el niño tendrá

una visión positiva de sí mismo, y estará así más seguro de sí mismo.

 

Al mismo tiempo el niño debe saber que se le valoray se le quiere incon-

dicionalmente, aun cuando no se esté trabajando para mejorar su conducta.

Abrácele, préstele atención, escúchele, apréciele. Esto garantiza al niño que

no necesita «ganarse» su amor porque ya lo tiene.