Un modo eficaz de eliminar comportamientos especificos que irritan es

simplemente ignorarlos. Puede que, al aplicar esta técnica, le parezca que

no está haciendo nada en absoluto para cambiar las cosas, pero comprobará

cómo al ignorar sistemáticamente ciertos comportamientos, y actuando co-

mo si no existieran, se consiguen resultados asombrosos. Cuando quieren,

los niños hacen cualquier cosa para conseguir la atención total e inmediata

de sus padres. Saben exactamente lo que más les puede alterar o irritar espe-

cialmente en los momentos más delicados, en el recibidor de la casa justa-

mente cuando llegan los invitados, por ejemplo, o cuando se está hablando

por teléfono o en la caja del supermercado. Si se puede ignorar el comporta-

miento irritante cada vez que se produzca, el niño dejará de actuar de ese

modo, pues no obtiene los resultados que busca.

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PORTARSE BIEN

 

La ignorancia sistemática es el arte de ignorar los comportamientos que

desagradan y prestar atención positiva a los que agradan. Nunca se debe

 

hacer una cosa sin la otra.

 

Sin embargo, antes de intentar esta estrategia, valore usted el comporta-

miento y decida si se puede ignorar sin problemas. Es evidente que no se

pueden ignorar conductas peligrosas como correr por la calzada o subirse al

frigorifico y tampoco se pueden ignorar acciones intolerables como pegar y

 

morder.

 

Otro punto a considerar: la ignorancia sistemática es una técnica que

utilizan sólo algunos padres eficazmente. En otros, sólo se consigue aumen-

tar la tensión porque su capacidad para ignorar es demasiado baja. Si éste

es su caso, puede intentar alguna otra de las soluciones que se ofrecen para

 

tratar el problema.

 

A continuación se dan unas líneas generales para que la ignorancia siste

 

mática sea un éxito:

 

Decidir lo que se puede y lo que no Se puede ignorar

 

Es ésta una conducta que se puede, o se desea ignorar? No es peligroso

ignorarla? Si Johnny arroja objetos pesados o juega con enchufes, no se pue

de ignorar este modo de actuar.

 

Los padres no deben empezar con algo que no van a ser capaces de igno-

rar durante mucho rato; es preferible no empezar. La mayoría de los com-

 

portamientos empeoran antes que mejorar. Hay que preguntarse:

 

«;Qué es lo peor que puede ocurrir?» «jPodré soportarlo?» Podrá la

madre aguantar los gritos de su hijo en el supermercado pidiendo donuts

mientras el público se vuelve a mirarla con muestras de indignación ante

su dureza? Si el niño dice palabrotas delante de la abuela, será capaz el

padre de hacerse el sordo? Si no, es mejor elegir otra opción para hacer

 

frente a este comportamiento.

 

La ignorancia es particularmente eficaz en conductas que han sido pre-

viamente alimentadas por la atención del padre y no funcionará bien con

aquellas conductas que sean normales a ciertas edades o en etapas de desa-

rrollo. La mayoría de los niños de dos o tres años hacen rabietas, y por

mucho que se ignoren, es poco realista esperar que desaparezcan. No obs-

tante, la ignorancia sistemática de las primeras rabietas reducirá su persis-

 

tencia más tarde.

 

La ignorancia funciona bien normalmente para detener un comporta-

miento que siempre ha provocado la atención y ha permitido al niño salirse

con la suya con anterioridad. Las rabietas son un buen ejemplo. El niño

quiere un caramelo y usted le dice, «No, ahora no». Llora, se cae al suelo,

patalea y grita. Usted intenta resistir, pero al final no lo soporta más y se

rinde. Le da el caramelo para detener la rabieta. Las ágrimas se secan, su

táctica ha funcionado. Ha reforzado usted la dependencia del niño en las

 

rabietas para el futuro.

 

La próxima vez, en lugar de esto intente salir de la habitación. Puede

resultar sorprendente lo rápidamente que el niño deja de llorar. La señora

TECNICAS BASICAS DE LA DISCIPLINA

 

  1. hizo una consulta sobre sus dos hijas, de siete y ocho años y medio, pues

se peleaban constantemente. Como las niñas parecian pelearse mucho más

cuando la madre estaba presente, se le sugirió la ignorancia sistemática.

A partir de entonces, cuando empezaba la pelea, la señora J. estaba muy

Ocupada con otros asuntos y no prestaba atención. Las niñas intentaban que

su madre interviniera o que se pusiera del lado de una de ellas. Pero ella les

había dicho que resolvieran sus disputas ellas solas y desaparecia de la habi-

tación. Cuando la pelea terminaba, volvía para hablar o jugar con ellas. Si

surgia otra discusión, se iba otra vez. Al cabo de poco tiempo, las niñas

captaron la idea de que sus peleas no conseguían los resultados apetecidos

y las disminuyeron considerablemente.

 

Se podría pensar que un niño pequeño n0 puede ser tan complejo pero

esta es una historia real: Noah hacía pataletas cuando estaba en su asiento

en el automóvil. En la víspera de su tercer cumpleaños su padre comentó

al abrocharle el cinturón: «Mañana cumples tres años. Se acabaron las pata-

letas.» Noah dejó de gritar diciendo: «jNo me da la ganal» antes de volver

a llorar. La ignorancia sistemática cambió también esta norma.

 

No prestar atención al comportamiento

 

No se debe reaccionar al comportamiento indeseado de ninguna manera,

verbal o no verbal. No hay que decir nada al respecto. No se debe mirar al

niño cuando esté actuando. No hay que mostrar ninguna expresión facial o

hacer gestos como reacción a ello. Se debe mirar a otro sitio, hacer como si

se estuviera ocupado en otra cosa, salir de la habitación. Si no se puede

salir, hay que apartarse disimuladamente todo lo posible. Se debe continuar

 

tanto tiempo como el niño prolongue su comportamiento.

 

Esto no significa tratarlo fríamente, ya que esa es otra forma de aten-

ción. Tampoco hay que reírse como si tuviera gracia porque la actitud pro-

tectora le hará más desafiante. Simplemente se debe simular que se está tan

concentrado en lo que se está haciendo que uno no se da cuenta de nada.

Un niño solía meter la cabeza en el plato y lorar cuando no se le servía

más de algo que le gustaba. Sus padres aprendieron a hablar entre ellos de

lo sucio que estaba el candelabro o de sus planes para la cena, ignorando

sus lloriqueos. Con el tiempo, cuando aprendió que no era probable que le

dieran más comida en ese momento, el niño cogía su cuchara para comer

otra cosa que hubiera en el plato. Actualmente, el hábito ha desaparecido.

Considere que cualquier intento del niño para captar su atención es un

signo de progreso y redoble los esfuerzos por parecer indiferente. No respon-

der, tararear, subir el volumen de la radio, mirar al techo, hablar con uno

 

mismo de sus cosas, todos son medios eficaces de no prestar atención.

 

Esperar que los comportamientos empeoren antes de mejorar

 

Cuando se empieza ignorando una mala conducta, el niño hará todo lo que

pueda para atraer una atención a la que está acostumbrado. ncrementará

PORTARSE BrEN

 

12 O

 

la intensidad, volumen y frecuencia de sus actos hasta saber que obtendrá

respuesta. Pero no hay que abandonar. No le deje dar por sentado que sus

travesuras van a llamar la atención como lo habían hecho antes.

 

Intente llevar un registro del tiempo que duran, o cuente las ocasiones

en que se producen estas conductas para poder superarlas; ello será indicati-

vo de los progresos que se hacen.

 

Aunque las pataletas y las quejas parecen durar una eternidad, se pue-

den medir en segundos e incluso minutos. En el espacio de pocos días, se

podrá comprobar cuándo la conducta se intensifica y cuándo va disminu-

yendo. Cuando compruebe que los quejidos duran diez minutos el día que

no se da al niño una galleta y sólo ocho minutos al día siguiente, se animará

a seguir con la táctica. Después de poco tiempo, el patalear porque no ha

conseguido una galleta será sólo un recuerdo.

 

Téngase presente que cuanto más firme se haya sido y menos atención

se haya prestado a la conducta, menor será su duración.

 

Reforzar las conductas deseables

 

Se puede activar la extinción de las conductas indeseables reforzando las

buenas conductas con elogios y recompensas. Si se está intentando terminar

con los lloriqueos, elogie al niño inmediatamente si se pone a jugar con

tranquilidad después de haber dejado de lloriquear. Acérquese a él y de-

muestre interés en lo que hace. Si el lloriqueo comienza otra vez, ignórelo

hasta que pare. Si el niño está jugando con la comida y se ignora lo que está

haciendo, préstele atención cuando coja el tenedor. Dígale lo mucho que se

aprecia la forma en que está comiendo los guisantes.

 

En ocasiones, se pueden potenciar las conductas positivas dirigiendo la

atención hacia el niño que se está portando bien, para que el que se está

portando mal quiera imitarle. Por ejemplo, en un hogar en el que un niño

se levanta continuamente de la mesa mientras los otros están sentados co-

miendo correctai

ños que están sentados correctamentey hacer caso omiso del ir de aquí para

allá del otro. Pero, jcuidado!, si la táctica anima al que se porta mal, no se

debe proseguir. Reserve esta táctica en su archivo de todas formas. En otra

ocasión funcionará.

 

ente. Lo más apropiado es elogiar la conducta de los ni-