Para la mayoría de los padres disciplina equivale al castigo. Pero la pa-

labra disciplina significa realmente formar o enseñar, y combina tanto

técnicas positivas como negativas. Cuando se disciplina a los niños, se les

enseña a comportarse. Se les dan instrucciones antes de pedirles que inten-

ten poner algo en práctica. Usted se convierte en modelo de comportamien-

to para ellos. Les señala una y otra vez aquello que están haciendo correcta-

mente. Y cuando es necesario, les indica lo que no hacen bien. La disciplina

eficaz es señalar: «Eso está bien», cuando el niño le lanza una mirada en

busca de aliento mientras titubea. Cuando el pequeño va a tocar un enchu-

fe, es decir que no. Es ignorar cuando un niño intenta repetidas veces inte-

rrumpir una conversación telefónica, pero también prestarle atención en se-

guida, después de que haya esperado su turno pacientemente. Y es enseñar

a un niño más mayor que, aunque sea dificil, hay que saber renunciar a una

disputa. Y a veces se trata de permitir que se produzcan consecuencias ne

gativas naturales de su conducta cuando ésta no es la que los padres quie

ren. Los «síes» son muchas veces más importantes que los «noes» porque con

 

el sí el niño sabrá cuándo se está comportando tal como los padres desean.

 

El ser padre o madre no se completa en un día y la disciplina no es un

esfuerzo intermitente. En ambos casos se trata de esfuerzos constantes y

 

consecuentes siendo, al mismo tiempo, eficaces y afectuosos con el niño.

 

Hay mucho que enseñar a un niño -valores, creencias y técnicas- y se

requiere tiempo. Además, el niño no estará siempre dispuesto a aprender la

lección. Por ello se sugiere que, en primer lugar, los padres aprendan a

relajarse (véase apartado 2.10). De ese modo podrán afrontar acontecimien-

tos imprevistos y esfuerzos baldíos con más calma y más eficacia. En segun-

do lugar, hay que examinar metas y necesidades del niño para saber lo que

se puede esperar. En tercer lugar, se debe hacer lo posible por ser constante

y consecuente, diciendo lo que se piensa y pensando lo que se dice, y mante-

nerse firme en ello. Y finalmente, se debe mantener una actitud positiva

ante el oficio de padre, reteniendo en la mente una imagen de cómo se quie-

re que el niño actúe y acordando indicarle los comportamientos que se con-

 

sideran inaceptables.

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PORTARSE BIEN

 

Habrá ocasiones para señalar aquello que no guste, pero una actitud po-

sitiva reforzará la desaprobación del padre cuando ésta sea necesaria.

 

Las técnicas básicas para educar que se exponen detalladamente en este

capitulo, y que se usan repetidamente en las soluciones que se dan a lo largo

del libro, son la base de Portarse bien. Soluciones prácticas para los proble

mas comunes de la infancia. Se deben comprender a fondo antes de empe

zar a aplicarlas para llegar a ser un padre más seguro y eficiente y para que

el niño tenga la buena conducta que el padre admira.