Los niños perfectos o los padres perfectos no existen como tales, y hasta ahora no ha habido padres que no dudaran, al menos ocasionalmente, sobre sus propias capacidades como padres y madres. Los niños no se comportan siempre como sus padres quisieran, y cuando los padres no logran cambiar los hábitos de sus hijos, se frustran, se confunden y se muestran inseguros.

Aunque fuéramos la generación de padres mejor educada e informada de la historia no tendríamos todas las respuestas. ¿Qué hay que hacer cuando Caroline cambia de opinión quince veces sobre lo que se va a poner para ir al colegio y pierde el autobús continuamente? ¿Cómo actuar cuando Kent se porta mal en el supermercado? ¿Cuándo el bebé no quiere comer? ¿Cuándo Sam le da puñetazos a su hermana constantemente? Cuando Ellen se despierta y se pasa la noche llamando o David se muerde las uñas hasta dejarse los dedos en carne viva?

Existen soluciones que han sido útiles para padres que nos han consultado, pero antes de aplicarlas es necesario leer las siguientes indicaciones y las técnicas que se describen en el capítulo 2. Los conceptos que aquí se presentan facilitarán la comprensión y aplicación de soluciones. Hay que recordar que no se debe esperar demasiado pronto sino que se deben fijar metas según la edad, personalidad, habilidades, sexo y desarrollo del niño.

Los niños no pasan todos por las mismas etapas a las mismas edades, ni son igualmente maleables, y puesto que cada padre es el que mejor conoce a su hijo, debe fiarse de sus propios juicios y de su instinto.

SEA MODESTO

Rara vez se soluciona el problema de un niño de la noche a la mañana. Los cambios, tanto en los niños como en los adultos tienden a producirse lentamente y por etapas. Si un niño que antes se negaba a practicar el piano empieza a tocar diez minutos al dia, debe usted alegrarse y demostrarlo. Se ha logrado un progreso real. El niño se sentirá bien consigo mismo y esto le animará a trabajar más tiempo. Si ha habido dificultades para hacer que el niño salga de casa por las mañanas, conténtese con que coja el autobús dos días consecutivos y no espere que además se haga la cama. Eso llegará más adelante. Es mucho más productivo que ambos estén encantados con pequeños signos de progreso a que se desilusionen cuando no se cumplan expectativas demasiado exigentes.

SER CONSECUENTE Y CONSTANTE

Conseguir el éxito final en el cambio de la conducta de un niño requiere ser consecuente y constante. Pensar lo que se dice, decir lo que se piensa, y asegurarse de que todos digan lo mismo. Primero junto con su cónyuge debe llegar a un acuerdo sobre el problema y el plan antes de comenzar a aplicar soluciones. Además de esto, será de gran ayuda si consigue lo mismo de canguros, profesores, otros miembros de la familia y cualquier otra persona que tenga un contacto regular con el niño.

Siempre se debe tratar de aplicar una solución con constancia para que sea eficaz. Se ha visto que los padres tienden a abandonar demasiado pronto, y sus hijos lo saben. Unos padres inconstantes no imponen autoridad y sus hijos no respetan sus peticiones porque saben que no necesitan hacerlo. Si lloran o gritan o se resisten el tiempo suficiente, se saldrán con la suya. Una vez tome usted una decisión sobre cómo tratar un problema, no debe fluctuar ni rendirse (dentro de lo razonable, claro está). Por ejemplo, si se ha decidido ignorarle sistemáticamente (véase apartado 2.2) cuando el niño llora para que le compren caramelos en el supermercado, y si, tras dos veces de ir de compras con él, el padre no soporta los lloriqueos y súplicas o las miradas hostiles de la gente y se rinde, agotado, no sólo no se ha resuelto el problema, sino que se ha aumentado.

Para ayudar a los padres a ser constantes, es conveniente medir y apuntar los cambios. Muchas veces los cambios son menos evidentes de lo que se espera, pero ahí están. Si el niño hace rabietas, por ejemplo, es útil tomar nota de su frecuencia y duración. Seguramente se sorprenderá usted al descubrir que las rabietas se van haciendo más cortas y menos frecuentes pocos días después de aplicar una técnica. Al notar un progreso, será más fácil continuar lo que se esté haciendo.

El tomar notas también ayuda si la solución elegida no da resultado en un caso particular. Entonces se debe elegir una de las alternativas sugeridas.

SER POSITIVO

Trate usted de ver la conducta general de su hijo desde una perspectiva positiva. No todo lo que hace el niño resulta desagradable, sólo algunos comportamientos irritan y frustran a los padres. Trabaje sobre dichos comportamientos uno por uno. Mientras tanto, asegúrese de que el niño sabe que usted le quiere y le aprecia y recuerde manifestarle cuándo se está comportando correctamente. Si Johnny ha estado haciendo ruido en el restaurante y después se tranquiliza, hay que decirle entonces que apreciamos su modo de actuar. Con un comentario positivo se consigue mucho más que con cualquier critica. No desprecie nunca la efectividad de los elogios, especial mente en los niños. Los pequeños, sea cual sea su edad o etapa, quieren desesperadamente la aprobación de sus padres (aunque hay que admitir que a veces es difícil de detectar).